Acaba y vuelve a empezar como un millón de vuelos a otras vidas, pero es la misma, ¡qué pena darse cuenta cuando el cuerpo se desgasta parte por parte! Y es curioso como toda esa oscuridad no importa, se entra más y más. Por acariciar sólo un momento la felicidad, el dolor es placentero.
Fantasmas de los paisajes más bellos deambulan la mente pero se desvanecen tan rápido, que la confusión oprime el alma y debilita al cuerpo, como poción maligna que se bebe a grandes sorbos con la esperanza de aparecer y desaparecer a la vez, pero nada de eso sucede porque todo lo que se desea sencillamente no es.
Destructivas ilusiones muestran caminos falsos que confunden pero a la vez convierten las penumbras en esperanzas productoras de sonrisas, como deliciosos manjares del viento que parece que regeneran y animan pero en realidad debilitan porque no tienen lugar en esta tierra. El camino es peligroso, apenas se alcanzan a ver las sombras que persiguen el deseo de lo casi imposible, y se sigue adentrando, las enredaderas atan y el caminar se vuelve más difícil, las contradicciones asfixian lentamente, y la visión del objetivo se vuelve borrosa. Pronto quedará una mancha gigantesca en la mente, el pesar lo envolverá todo y seguiremos el penoso arrastrar sin recordar cuál fue la causa lo suficientemente poderosa como para sumergirnos en ese pantano.
Ni la salida ni la entrada parecen ser alcanzables pero aún así se tiene que avanzar.
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