Burbuja.

No importan las palabras ni las promesas cuando todo muestra lo contrario, cuando en el aire se percibe que nada es como parece, cuando los colores ya no son los mismos, han cambiado y lo que gira en torno nuestro dice completamente lo inverso, es como si todo fuera una gran mentira, vivir es una gran mentira a la que le es imposible incluso transformar las percepciones y si estas muestran la verdad más aún lo que habita en ellas, pero no lo queremos admitir.
La idea es clara y decepcionante, parece como si ni lo más fuerte en este mundo, lo único que siempre ha unido del todo, desde lo sencillo a lo complejo, ahora no es suficiente, eso es lo que parece, pero como siempre no es así, más bien, y aunque duele más, se trata de que esa esencia capaz de encaminar todo hacia lo mejor de sí, sólo está por una parte, pero no envolvió todo, por eso todo se termina, porque no se terminó de unir por completo aunque parecía que sí. Aunque era lo que gritaban las voces, pero nada de eso es verdad, las voces también mienten aunque provengan de lo profundo; pero el ser es más inteligente y lo ha descubierto, ha levantado las vendas y mostrado la realidad, dolorosa pero en fin realidad, y preferible sufrir caminando a pasos reales, que sonreír vacíamente, parado en la burbuja imaginada por otro.

31 agosto, 2010

- Muchacha, díme por qué lloras. Nadie quiere ver a una niña tan bonita como tú con los ojos húmedos.


+ Me da igual, sólo necesito llorar, para desahogar la pena que cubre mi alma, nadie entiende que quiero salir de este mundo de mierda, sólo se basan en "Mírad qué bonita es, mirad qué bien hace el espectáculo", mientras mi sonrisa cada vez es más forzada. Díme tú, ¿quién se ha dignado a preguntar? Usted, y tan solo lo ha hecho porque no se puede ver llorar a una niña bonita. Pues para la información de todo el que quiera saber, las niñas bonitas también lloran, tienen corazón, sentimientos, tienen vida propia. Las niñas bonitas siempre se cansan de ser el centro de atención sólo por el hecho de ser bonitas, pero nadie las conoce. Nadie las sabe comprender...
 

25 agosto, 2010

Te enciendo la puerta y...
¿me cierras la luz?

24 agosto, 2010

Imperfección...

Ella siempre tiene que sobresalir, tiene que dar la nota. Quiere ser perfecta, y hasta cierto punto lo parece, pero no, no lo es. Tiene un defecto. Su obsesión por ser perfecta. Las imperfecciones es lo más bonito que una persona puede tener, es la mayor demostración de que ésa eres tú, de que son tus defectos, tus manías y eso nadie lo cambia. Mientras tanto, ella se está cargado a sus bonitas imperfecciones, ella decide ir perfectamente vestida, pintada a todas partes y hablar como si la vida se tratara de un negocio. Éso es lo que nos diferencia. Yo puedo ir sin pintar y en pijama por la calle, puedo ir con los ojos rojos y con ojeras a clase porque no me importa el qué diran. ¿Les parezco fea? Es mejor que tenerlos baboseandote los pies. Pero ella se comporta como si la fuera la vida en ello. Hacer tonterías, salir de fiesta y acabar con los tacones en la mano, reirte de ésa situación con tus amigas al día siguiente y vivir sin la preocupación de encontar ese equilibrio que ella se esmera en buscar... Está perdiendo el tiempo y no se da cuenta de que la perfección no existe, siempre habrá algo que te personifique. Por ahora, a ella solo la personifica su intento de perfección en este mundo de imperfectos.

18 agosto, 2010

Lo difícil lo logro, lo imposible lo intento.

Sí.

Lo reconozco, casi todas mis fotos han pasado por el Photoscape. Y ¿qué?

Por fin...

Los truenos anunciaban una tormenta, no importaba si sería húmeda o no, si no que era inminente.
Ella, levantó la cara deseando que callera por lo menos una gota y así poder confundir la estupidez de su llanto, pero tampoco eso sería posible. Para ella en esa tarde nada sería posible.
El perro seguía ladrando, pero aunque era igual, para ella ya no tenía la misma intensidad. Lo vio fijamente, por fin tenía su atención, y por eso dejó de ladrar, pero ella ya no lo veía a él, y se dio cuenta, por lo que se dio la vuelta cojeando perdiéndose en el fondo de la calle.
Ella seguía parada, sabía que pronto vendría por ella, pero no le importó. Prefería quedarse ahí observando el movimiento de las nubes. Había pasado tantos días observándolas, pero nada era como ese día, todo parecía tan oscuro, pese al rayo de sol que se posaba en el incierto horizonte.
Empezó a caminar, pero ya no importaba.
Afuera había tantos gritos, tanto ruido, parecían todos tan alegres, pero no se daban cuenta de que su enfermedad ya había avanzado demasiado, y todos sus aplausos y risas eran engaños que propiciaba la misma enfermedad.
También ella estaba contagiada, pero ya había encontrado la cura, sin embargo, no la quería tomar, porque a él le dolería, y ¿cómo soltarlo?, ¿cómo retiraba la mirada como si nada pasara?, no podía ignorar su mirara, y le dolía tanto no poder sentir lo mismo, no poder comprenderlo. Lo que más le dolía era la propia insensibilidad, y quería sentir un poco de aquello para no caminar rechinando los metales de un robot, pero eso también era imposible. Entonces no era ni blanco, ni amarillo, ni verde, ni azul, la mezcla de los colores era muy desagradable, casi tanto como la insatisfacción que daba vueltas en su vientre.
De pronto escuchó unos pasos tratando de acoplarse a los de ella, no quiso mirar atrás pues ya sabía quién era y que le diría, así que sólo se detuvo, y antes de que él pudiera decir algo, ella se adelantó:
- Ya lo entendí y por eso lo maté, ahora puedes irte, nadie te va a detener, mira cómo camino, cómo me alejo. Yo no diré nada y ahora esto a nadie le importa, lo encontraran muerto y no se pondrán a investigar, ahora eres libre, y yo... yo también.
Él intento coger su mano, pero antes de que pudiera, ella empezó a caminar rápidamente, la desesperación la hizo correr. Ahí fue cuando el tren se descarriló y separó en treinta mil pedazos todos sus huesos.
Él no podía creer que hubiera estado a punto de coger su mano.
Por fin empezó a llover.
Aveces es mejor callarte, bajar la cabeza y escuchar a un sabio. Llega un momento de la vida que estas en constante desequilibrio, necesitas demasiado tiempo para tomarte las cosas con calma ya que en esos estúpidos momentos se te acaba la paciencia y decides dar un gran salto sin apenas haber cogido carrerilla...
Tomaré vodka con limón para olvidar el sabor de tus labios, para olvidarme de tus ojos, de tu nariz y tu sonrisa, para olvidar lo que dejó de existir, para olvidar ese amor inexplicable que me acorrala, y por lo menos sentirme libre durante el proceso de emborrachamiento, que me haga sentir subceptible, que me sienta viva de nuevo y que cuando te vea no tengas ganas de ir a darte un achuchón, que me deje dormir tranquila y soñar con botellas en vez de con tus besos, que me deje atontada durante las horas que haga falta para poder recoger energía de nuevo, como cada noche.

15 agosto, 2010

Una total impresión...


Joventud, amor, promesas.

Son las ocho de la tarde. Esther y Deborah siguen en la misma terraza, hablando de sus cosas, no se han movido en toda la tarde y parecen tener poca intención de hacerlo.


- Diría que te has puesto un poco celosa, ¿no es así?

+ ¿Yo?, ni de broma. A mi no me interesa para nada alguien como él. Siempre está rodeado de chicas, es lo último que quiero...

- Cariño, te pierdes al mirarle. Le vas a borrar de tanto hacerlo.

+ Que no, que no le miro, ni me pierdo, ni nada. No quieras liarme.

- Pero si te lias tú sola. Cada vez que le miras te brillan los ojos, sonries. Hacia mucho que no te veía tan atontada. Y ya sabes lo que digo siempre: "Atontamiento, enamoramiento". No es tan malo, ni que te enamores, ni él.

+ No puedo, no quiero. Esa fue mi peor pesadilla, el amor acabó con todas mis ilusiones, todos mi sentimientos. Ahora no voy a volver a perderme, ni por el amor, ni por él. Llama demasiado la atención de las chicas, no quiero tener que estar siempre pendiente de si se le echan encima otras chicas o no, yo quiero que sea solo para mi. Sabes que no soy de compartir a mi chico, ya me tocó una vez sin ser consciente de ello y lo pasé muy mal. Es demasiado...

- ¡Basta ya!, ¿por qué te empeñas en recordar el pasado? Te has cerrado al amor... Qué amargura. Por lo poco que se de éstas cosas te digo yo que la forma en te mira no se debe a que seas una chica cualquiera. Llevais observandos mutuamente días y días. Al igual que le ves a él rodeado de chicas, tú siempre estas rodeada de chicos merodeando a ver quién te consigue primero. Sois tal para cual...

+ También Lex y yo eramos tal para cual.

- Es distinto. Cuando tu estuviste con Lex, sí eras una corrientucha, poca gente te conocía, estabas en 1º de E.S.O. cariño, pero después empezaste a gustar a muchos chicos. Que yo recuerde nadie te dijo que Lex y tú fuerais tal para cual, asique no pongas a eso como excusa. Tienes un miedo al amor que te cierra demasiado. ¿Por qué no vas a hablar con él?, ¿total?, no pierdes nada por intentarlo. Si no lo consigues, por lo menos tienes a un amigo guapo más.

+ No. Si quiere hablar conmigo que venga él. Si estuviera interesado en mi ya hubiera venido a darme conversación.

- Alomejor piensa igual que tú. Espera aquí un momento.

+ No, no hagas eso. Ven aquí Deborah...

Se levanta de la silla, va hacia Kiko y entabla conversación con él. Miran a Esther, y ésta desde la mesa les mira sonrojada. Se acercan los dos a la mesa. Se sientan.

- Bueno Esther yo me tengo que marchar ya que he quedado con mi chico. Luego te llamo, ¿vale?

Esther la mira con cara de cordero degollado, Deborah se ríe y se despide con un guiño de ojos. Esther mira a Kiko, sus caras son auténticos poemas.

- Bueno, ¿qué tal te va todo?

+ Bien... ¿a ti?

- Bien. - acaba diciendo después de diez segungos - Hacía mucho que no hablabamos, y como han cambiado las cosas desde entonces, ¿verdad?

+ Verdad.

- En 1º de E.S.O., tú estabas con mi mejor amigo, y yo estaba colado por ti, las cosas que me callé contigo por Lex... Qué tonto fuí.

+ ¿Estabas colado por mi?

- Hasta los huesos...

+ Nunca me dijiste nada.

- A eso me refiero con "las cosas que me callé contigo por Lex".

+ Am, es cierto. No había caído...

Después de una larga conversación, deciden quedar al día siguiente para tomar algo y hablar de más cosas. Se despiden con dos besos, lentos, como si fuera la última vez que se fueran a ver, los dos con unas terribles ganas de besarse. Las sonrisas en sus caras lo demuestran todo.

Esther llega a casa, saluda a su madre y corre a coger el teléfono. Llama a Deborah, le cuenta todo lo que han hablado. Deborah escucha atenta y después de que Esther terminara de hablar dice tan solo una frase.

- Parece que para la pequeña Esther ha vuelto a nacer el amor...

Las dos ríen. Son felices, jovenes. Las quedan muchas cosas por aprender, pero no por ahora. Deben disfrutar de su juventud, ahora que pueden...