Mírame. He tenido que pedirle a la paciencia que venga a visitarme y le hablo desde debajo de esta manta. He tenido que robarle segundos a la vida para no pensarte. He tenido que esconderme dentro de mi, y aquí no se deja de escuchar tu nombre. Soy la misma que fui, la que te quiso hasta dolerle, y no me canso de gritarle a mi corazón que te has marchado pero él no se cansa de esperarte por si vuelves.
He tenido que reír cuando quería llorar, he querido no quererte pero mi alma sigue aprovechando cada vez que mi memoria te nombra para recordarnos de nuevo.
En mis ojos no para de llover, no se despejan tus caricias y ni odiándote he dejado de quererte. Ni la Luna sabe qué decirme. He tenido que malgastarme en cigarros que se hacían tan cortos...
He tenido que suplicarle al tiempo que retrocediera pero, ¿para qué?, no ha querido hacerme caso. Me susurra que es irrevocable. Me incita a acompañarle en su viaje para dejarte en el olvido, me repite que así llegaré donde quiera llegar... Lo que él no sabe es que mi única meta eres tú. No sabe que eres tú el que lo hizo rápido o lento, el que consiguió pararlo. No sabe que eres tú con quien quiero compartirle, a él, el tiempo. La verdad es que ya no se si la culpa es mía por querer pararle o suya por no querer parar. Ya solo se que cuento cada minuto de tu aunsencia, y que espero que vuelvas... O poder volver atrás.
No hay comentarios:
Publicar un comentario