Burbuja.

No importan las palabras ni las promesas cuando todo muestra lo contrario, cuando en el aire se percibe que nada es como parece, cuando los colores ya no son los mismos, han cambiado y lo que gira en torno nuestro dice completamente lo inverso, es como si todo fuera una gran mentira, vivir es una gran mentira a la que le es imposible incluso transformar las percepciones y si estas muestran la verdad más aún lo que habita en ellas, pero no lo queremos admitir.
La idea es clara y decepcionante, parece como si ni lo más fuerte en este mundo, lo único que siempre ha unido del todo, desde lo sencillo a lo complejo, ahora no es suficiente, eso es lo que parece, pero como siempre no es así, más bien, y aunque duele más, se trata de que esa esencia capaz de encaminar todo hacia lo mejor de sí, sólo está por una parte, pero no envolvió todo, por eso todo se termina, porque no se terminó de unir por completo aunque parecía que sí. Aunque era lo que gritaban las voces, pero nada de eso es verdad, las voces también mienten aunque provengan de lo profundo; pero el ser es más inteligente y lo ha descubierto, ha levantado las vendas y mostrado la realidad, dolorosa pero en fin realidad, y preferible sufrir caminando a pasos reales, que sonreír vacíamente, parado en la burbuja imaginada por otro.

13 mayo, 2010


Suena el teléfono. Lo coge. Al oir la voz cuelga rápidamente. No sabe quien es, pero todos los días, a la misma hora, suena el teléfono y habla una voz ronca. La primera vez que llamó se quedó imnotizada, le dijo cosas realmente aterradoras, no tenían sentido las frases, parecía que alguien quería decirla algo, pero no sabía cómo decirselo. Desde entonces, ha estado llamando, diciendo las mismas palabras, con la misma voz. Al principio creyó que alguien quería gastarle una pequeña broma, pero no dejaban pistas. Después de un tiempo, ella decidió fijarse justo en la hora exacta en la que el telefono sonaba, y al no poder ver el número desde su teléfono decidió pedir una copia de las llamadas que había tenido durante esos dos meses. Se extrañó. No había ninguna llamada guardada de esa hora y tampoco de un número desconocido, era realmente ilógico. Al cabo de dos semanas empezó a comportarse de una forma extraña. Cada vez se alejaba más de su novio, de sus amigas, de su propia madre. Estaba encerrada en una habitación de paredes transparentes. Se pasaba noches sin dormir, investigaba cada vez más, y no encontraba respuestas. Se volvió loca. Su novio, quiso meterla en un psiquiátrico, pero ella decidió marcharse para evitarlo. Lo dejó todo atrás. Se busco una vida nueva en Sudáfrica, en la capital. Vivió feliz durante tres años, pero un día, empezaron las llamadas allí. Ya no sabía que hacer asique decidió volver a escapar, esta vez a Kiribati, pero no sirvió de nada. Al cabo de tres años volvieron las llamadas. Estuvo toda la vida cambiando de país, justo al tercer año se marchaba. Huía de esas llamadas, de esa voz que la había estado persiguiendo toda la vida.
Hoy, encamada en un hospital, casi al borde de la muerte, le cuenta la historia detalladamente a Susana, la enfermera que la cuida. Al terminar de contarla la historia susurró una frase que Susana no pudo entender, y comprendió que no debía preguntar al ver lágrimas en el envejecido rostro de la anciana.

"Ojalá nunca hubiera huído por miedo..."

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