Y entonces sólo encontré fuerzas para llorar, todos lo rescuerdos asomaban por aquel bonito marco, un triste marco de una foto ya caducada... ¿Por qué? No quería recordar, no quería pensar en todo lo que había pasado con él, mi alma estaba rota desde entonces, y sólo ahí, a su lado, entendía y quería olvidar por aquellos instantes que esa felicidad remota no la iba a volver a tener, sencillamente por el único hecho de que él era especial en todos los sentidos, él me trataba como ningún otro lo hacía, incluso las discusiones resultabas bonitas, las veces que me consumía con sus labios eran inolvidables, las veces que nuestras pieles se unían para solamente formar un alma resultaba el mayor de los placeres, él es y será siempre el mejor de los pecados que yo había conocido. No esperaba tener que pasar por ésto, un dolor que me inunda y, sin embargo, por miedo o por pura agonía, no quería volver a sentirme entre sus brazos, no quería volver a sentirme prisionera de aquel amor que resultó ciertamente verdadero, pero todo acabó así, sin más, y yo me dediqué a explicarle a mi corazón cuánto daño me había causado ese gran amor, me dediqué a dar largas a mi memoria para no recordar nuestros lugares, nuestras canciones, nuestras palabras, nuestra diferende unión. Recuerdo cómo hacía de un mal día un universo de ilusiones, me hacía reir como si se tratara de su propia felicidad, me hacía sentir querida, como nunca, como desde el principio... ¿Y ahora?, ¿ahora qué cojones quiero pretender? Creo que estoy empezando a asumir, que por mucho que lo odie, voy a tener que vivir con el recuerdo de su amor, voy a tener que vivir teniendo en la memoria la dulce ternura que un día me enamoró y me encerró en la más sumisa ignorancia de la vida real... pero que, al fin y al cabo, tuvo que terminar.
PD: Si los recuernos no sirvieran para nada, se podrían olvidar...
No hay comentarios:
Publicar un comentario